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Con gran solemnidad se celebró Vigilia Pascual en Concepción

Publicado el 2016-03-27

Con un alegre saludo de “Felices Pascuas”, los centenares de fieles que participaron en la vigilia en la Catedral de Concepción, se despidieron de Monseñor Fernando Chomali, al término de la celebración de la noche del sábado.


Con gran solemnidad se celebró Vigilia Pascual en Concepción

Previo a la acción, con apoyo de seminaristas, se realizó la bendición del fuego, en el atrio de la Catedral, donde fue encendido el cirio pascual, que fue llevado hasta el altar por el presbítero Juan Carlos Marín, rector del Seminario Metropolitano. En el interior, que permanecía a oscuras, fue distribuyéndose la luz con las velas blancas que cada asistente portó en sus manos.

La solemnidad de la celebración, se fortaleció con los cantos del Coro Arquidiocesano.

En su homilía, el Arzobispo planteó que “la gran pregunta que tenemos que contestar los seres humanos  es ¿por qué existimos?. Dios no necesita de nadie ni nada, porque es Dios. Él tiene la plenitud del ser, plenitud de la verdad, de la felicidad; en Él se concentra todo bien”.

Otro pregunta planteada: ¿Por qué nos creó? “Esto es fundamental para comprender el misterio de la salvación. Y nos crea única y exclusivamente por amor. Él no nos ama porque existimos, existimos porque nos ama. Cada uno de nosotros es un prodigio, pero Dios, además, quiso tener personas con inteligencia, con voluntad, libertad. Ese es el riesgo de Dios. Porque la característica más hermosa del amor es la libertad. El hombre traicionó esa libertad. El hombre traiciona al creador y se convierte en una creatura. Resultado: relación rota con Dios, el hombre se esconde y Dios le pregunta dónde estás. Pregunta que hoy aún está vigente para nosotros”.

En su reflexión, Monseñor agregó: “La pregunta que uno se hace es ¿acaso Dios fracasó? Pregunta que nos hacemos frente al terrorismo, a la injusticia, frente a la pobreza, frente a nuestras relaciones humanas tan quebradas. La respuesta es no. Dios no fracasó y Dios aceptó su fracaso dándonos salvación, trayéndonos un salvador, que se presenta como una gran posibilidad para recuperar lo que habíamos perdido. Porque Dios nos sigue invitando a cada uno y nos invita a volver la mirada a Dios, a convertirnos, a poder recomenzar una vida nueva”.

Luego, abordó sobre ¿Quién es el salvador? ¿Jesucristo es un rey? ¿Vestido como rey?. No, Dios es un hombre austero,  nace en un pueblo perdido de una virgen joven, débil; no tiene donde dormir, humilde y sencillo. Dios, Jesucristo, se abaja, se anonada,  para que nosotros tengamos acceso por Él a Dios. Y se entrega  no de manera superficial, se entrega en la cruz, para crucificar todo nuestro pecado, odio, rencor, todo aquello que nos impide amar”.

Afirmó que “esta es palabra definitiva. No habrá otro salvador. Jesucristo vino, está en medio de nosotros sacramentalmente. Lo estamos esperando y por eso decimos en la Misa, ven Señor Jesús, para que  recapitule todo en todo  o juzgue de acuerdo a lo malo o bueno que hayamos hecho y para que vivamos junto a Dios, que es nuestra vocación fundamental, donde  no habrá llanto ni luto y Dios será todo en todos, donde Él nos enjugará nuestras lágrimas y donde seremos como la novia, en la Iglesia, que se encuentra con su novio”.

Enfatizó respecto a que este misterio tiene más 2 mil años, lo cual constituye algo maravilloso. “¿Cómo no va a ser maravilloso, saber que estamos en Concepción, pero que el mismo misterio se está celebrando en Chiguayante, en Lebu, Tirúa, en Estados Unidos, en Roma, en China de manera escondida, en Irak, en Bélgica, en tantos lugares. Nos vuelven a repetir una y otra vez, en miles de idiomas, en el mismo contenido: la muerte, el dolor, el pecado, el sufrimiento, todo aquello que nos impide amar ha sido vencido por la acción gloriosa de Jesucristo, que toma todo nuestro pecado, asciende a los infiernos, desciende a nuestro propio infierno y es  capaz de rescatarnos y hacernos brillar con luz, la luz de la fe en Él, la esperanza que nada es determinante en la vida, que  todo pasa y sólo Dios queda,  siempre algo bueno va a pasar y sobre todo la caridad”.

Monseñor concluye su mensaje con esperanza. “Cómo quisiera que cada uno de nosotros haga algo por alguien, ahora, hoy, pensando en la cruz de Jesucristo. Siempre  podemos hacer algo por Dios, pensando en su cruz. Sin lugar a dudas que tendríamos otro país, otra región; tendríamos otro mundo y hacerlo no para que nos vean, no  por un compromiso moral, sino por amor a Dios. Dios quiera que estas semanas, regresemos llenos de admiración por lo sucedido, nos admiremos, no nos acostumbremos a este misterio, que Dios se hace hombre, da la vida por  nosotros, nosotros que estamos muertos  con tantos problemas, tengamos vida en Él”.

Durante la Misa fue bendecida el agua y posteriormente, los fieles renovaron sus promesas bautismales.

Al final, Monseñor Chomali agradeció a sacerdotes, diáconos, seminaristas y al Coro Arquidiocesano por el esfuerzo y apoyo para que todo el programa de Semana Santa se cumpliera con éxito. 


Fotos Adicionales

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