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El Jubileo Circulante de las Cuarenta Horas

Publicado el 2017-06-13

Ocho parroquias del Decanato Concepción intervendrán en la acción litúrgica del Jubileo Circulante de las 40 horas de Adoración a Jesús Sacramentado, a partir del viernes 16 de junio, desde las 20 horas, en la parroquia san Agustín (Castellón 254) y hasta las 01:00 hora del sábado.


El Jubileo Circulante de las Cuarenta Horas

La acción litúrgica proseguirá en la parroquia Del Sagrario (Caupolicán 425) desde las 01:00 hasta las 06:00 horas del sábado 17; a continuación es el turno de la parroquia Natividad de María (Av. Collao 1601), entre las 06:00 y las 11:00 horas; luego, el convento san José (Lincoyán 649) lo hará entre las 11:00 y las 16:00 horas; la parroquia La Merced (Castellón 952) seguirá de 16:00 a las 21:00 horas; seguirá en la parroquia Universitaria (Los Olmos 125) desde las 21:00 a las 02:00 horas y el domingo 18 de junio, entre las 02:00 y las 07:00 horas, lo hará la parroquia La Ascensión del Señor (Juan de Dios Rivera 1914) y culminará la parroquia san Ramón (Santa María 2741) de 07:00 a 12:00 horas.
El origen del Jubileo nace como una forma de celebrar la Pascua del Señor. Una de las costumbres de los cristianos de los primeros siglos consistía en juntarse para ayunar, hacer penitencia, orar y cantar salmos durante cuarenta horas, en memoria del tiempo que el Salvador del mundo permaneció en el sepulcro. 
De esta manera, durante este tiempo sagrado, estos cristianos, asociándose con profundidad a la muerte redentora del Señor, hacían más perfecta su participación en la celebración de su resurrección en la liturgia pascual.
Este tiempo lo computaban, desde el viernes, a la hora de nona (tres de la tarde), en que murió Cristo (Lc 23,44), hasta el amanecer del domingo, hacia las siete horas, en el que resucitó (Mt 28,1). Tres días no completos permaneció muerto el Señor en el sepulcro. La idea del Jubileo es pues tener expuesto cuarenta horas seguidas al Santísimo.
En Roma, lo comenzó el papa Clemente VIII, institucionalizando su práctica para todas las diócesis, en 1592. Esa devoción había comenzado en Milán en 1527. En 1592, el Papa Clemente VIII, mediante la Encíclica Graves et diuturnae, ordenó establecer públicamente en Roma "la piadosa y saludable oración de las cuarenta horas" en las basílicas y en todas las iglesias, para que "día y noche, en todos los lugares y a lo largo de todo el año se alce al Señor, sin interrupción alguna, el incienso de la oración".
Esta manera de interpretar el tiempo de permanencia de Jesús en el sepulcro, tiene una significación propia en la Sagrada Escritura. El número cuarenta puede significar sin más un largo período de tiempo, como cuando se dice que Saúl reinó cuarenta años (Hch 13,21), David cuarenta (1Cro 29,27) y Salomón cuarenta (2 Cro 9,30). Pero en otras ocasiones "cuarenta" señala un tiempo largo de purificación o de abatimiento, previo a una gracia muy alta o una especial exaltación. Son cuarenta, por ejemplo, los días que dura la purificación enorme del Diluvio (Gén 7,12; 7,17), cuarenta años duró para el pueblo de Israel la travesía del desierto, antes de entrar en la Tierra prometida (Dt 8, 2; Núm 14, 33-34; Hch 13, 18) y cuarenta pasó Moisés en el Sinaí, en oración y ayuno, antes de recibir las Tablas de la Ley (Ex 24,18; 34,28). También Elías camina cuarenta días y noches con la fuerza del alimento misterioso que le da un ángel.
Jesús permanece asimismo cuarenta días y noches a solas en el desierto, antes de iniciar su misión pública en medio de Israel (Mc 1,13). Cuarenta horas permanece muerto. Y una vez resucitado, antes de ascender al cielo, se aparece a sus discípulos durante cuarenta días (Hch 1,3).
En el siglo XVI, esta devoción comenzó a adquirir mucha importancia en las iglesias de Milán y de Roma. Eran muy graves las situaciones que atentaban contra la Iglesia (Reforma Protestante e invasiones de los turcos). Además eran también tiempos de relajación de costumbres, producto de la época renacentista. 
Fueron muchos los santos sacerdotes que contribuyeron en el afianzamiento y extensión de esta devoción, especialmente San Carlos Borromeo, que fue quien le dio su actual configuración: Jubileo de Cuarenta Horas, en el que se expone solemnemente al Santísimo Sacramento para que los fieles, en el curso de tres días, puedan adorar al Señor sacramentado, con la oración y la penitencia. 
Posteriormente, en el siglo XIX, esta devoción se fortaleció nuevamente, cuando la Sede de Pedro estaba sufriendo las humillaciones de la época napoleónica. La Iglesia rogó mucho ante el Santísimo Sacramento por el feliz regreso del Papa a Roma. A partir de este momento la devoción se afianzó en Roma y comenzó a extenderse por el mundo católico.
En consonancia con este deseo de la Iglesia, la piedad eucarística del Jubileo de las 40 Horas, por su carácter expiatorio, suplicante y eucarístico, ayuda a muchos fieles a configurarse con Cristo y de estar en sintonía con su obra redentora, a través de la oración, que "es el medio privilegiado para relacionarnos con Cristo, para contemplar su rostro y aprender a servir a los hermanos.
En este sentido, el Jubileo de la 40 Horas, desde sus orígenes, ha enseñado a los fieles a unirse a Cristo resucitado, presente en el Santísimo Sacramento del Altar, recordando el momento de su Pasión: su permanencia en el sepulcro muerto por tres días. Esto es posible porque la institución del Sacrificio Eucarístico, desde su nacimiento, tiene inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor, que no sólo la evoca sino que la hace presente sacramentalmente
En Sevilla fue Jaime de Palafox y Cardona, arzobispo de Sevilla, quien lo solicitó al Papa el veinticinco de octubre de 1698.
Terminamos aclarando que se denomina “circular” porque va celebrándose en distintos templos que lo tienen concedido, cubriendo los 365 días del año.


Fotos Adicionales

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